México registró una inversión extranjera directa (IED) de 34,968 millones de dólares entre enero y junio de 2026, la cifra más alta para un periodo similar en la historia reciente del país, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía. El monto representa un incremento de 2.1% respecto al año anterior y confirma que, pese a la incertidumbre comercial global, el país continúa siendo un destino prioritario para el capital internacional.
Por sectores, la manufactura concentró buena parte del dinamismo, con un crecimiento de 12% interanual en la primera mitad del año, seguida de cerca por la industria automotriz, la tecnología y la logística. Estos cuatro segmentos comparten un denominador común: son los principales beneficiarios de la relocalización de cadenas de suministro hacia América del Norte, un fenómeno que ha cobrado fuerza desde la pandemia y las tensiones comerciales entre Estados Unidos y Asia.
El resultado también ayudó a México a recuperar terreno en el ranking mundial de receptores de IED elaborado por la UNCTAD, luego de un 2025 en el que el llamado nearshoring perdió parte de su brillo ante la cautela de algunas multinacionales. Analistas consultados por medios especializados coinciden en que la consolidación de este flujo de capital dependerá de que el país resuelva cuellos de botella estructurales, particularmente en el suministro de energía y en infraestructura logística, dos factores que hoy limitan la capacidad de varias regiones industriales para absorber nuevos proyectos.
Para el empresariado, la lectura es clara: la ventana de oportunidad del nearshoring sigue abierta, pero exige inversión pública complementaria. Sin ella, el diferencial competitivo frente a otros destinos emergentes podría estrecharse en los próximos ciclos de inversión.